Entrega III – ¿Qué estaba prohibido hace cien años en la Cendea? Cuatro historias que guarda nuestro Archivo – «La Cendea de Galar, ayer y hoy»
Blasfemar, pedir limosna o jugar a pelota en determinados momentos podía meterte en problemas. Los documentos del Archivo Municipal nos permiten descubrir cómo era realmente la vida cotidiana en nuestros pueblos entre 1874 y 1931.
¿Cómo vivían nuestros vecinos y vecinas hace poco más de cien años? La tercera entrega de «La Cendea de Galar, ayer y hoy» cambia esta vez los grandes acontecimientos históricos por algo mucho más cercano: la vida de las personas.
El estudio de Aitor Ayesa Apesteguía se adentra en padrones, bandos, expedientes y otros documentos conservados en el Archivo Municipal. Entre sus páginas hemos seleccionado cuatro historias que hoy pueden sorprendernos, emocionarnos e incluso incomodarnos.
En vídeo: así era la vida en la Cendea entre 1874 y 1931
Podéis comenzar este viaje con el vídeo de esta tercera entrega:
Cuatro curiosidades de la época
Cuidado con blasfemar, con hablar mal del alcalde… y con lo que cantabas
La vida pública estaba mucho más regulada de lo que hoy podemos imaginar. En 1922 encontramos un bando destinado a la represión de la blasfemia y, en aquellos años, distintas disposiciones trataban de controlar comportamientos y expresiones consideradas contrarias a las buenas costumbres.
Tampoco los cantares escapaban al control cuando podían afectar al honor de otras personas o aludir a las autoridades.
Ir a la taberna, jugar a pelota o cantar eran actividades cotidianas, pero también estaban sujetas a normas y vigilancia.
Cuando pedir limosna podía acabar con tu expulsión del pueblo
Esta es probablemente una de las historias que más nos puede impactar hoy.
En 1912, una Real Orden prohibió implorar la caridad pública. Entre las medidas contempladas estaban la detención de quienes mendigaban, la expulsión de mendigos forasteros y el impedimento de entrada a quienes llegaran con intención de ejercer la mendicidad.
La pobreza, por tanto, recibía una doble respuesta. Por una parte existían ayudas para personas sin recursos, enfermas, viudas, huérfanas o incapaces de trabajar. Por otra, sus manifestaciones en la calle podían convertirse en una cuestión de orden público.
El Archivo Municipal conserva además un cartel tan sencillo como contundente: «PROHIBIDA LA MENDICIDAD».

Es uno de esos documentos que, con apenas tres palabras, nos permite asomarnos a una sociedad muy diferente a la nuestra.
Las mujeres no dejaron de trabajar, pero su trabajo fue desapareciendo de los papeles
Los padrones municipales muestran un cambio muy llamativo en la forma de registrar el trabajo de las mujeres en la Cendea.
En 1886, aproximadamente una de cada cuatro personas registradas como labradora era mujer.
En 1910, todos los inscritos como labradores eran hombres.
Parte de ese trabajo pasó a ocultarse bajo otras categorías. En 1910, 247 mujeres figuraban simplemente como «su sexo», una expresión utilizada entonces para referirse a las labores domésticas.
Las mujeres siguieron trabajando, pero una parte fundamental de ese trabajo dejó de reconocerse como ocupación en los registros oficiales.
Cuando la guerra llegó a los pueblos de la Cendea. 98 jóvenes se fueron a la guerra. 23 no volvieron a sus pueblos
La Tercera Guerra Carlista (1872-1876) dejó una profunda huella en la Cendea. Un documento municipal recoge que 98 jóvenes marcharon a combatir en las filas carlistas.
Las cifras se reparten por todos nuestros pueblos: de Salinas partieron 18 jóvenes y murieron seis; de Subiza, 16 y fallecieron cuatro; y de Esquíroz, 11, de los que murieron tres.
En 1877 la Cendea tenía solo 1.642 habitantes. La pérdida de tantos jóvenes supuso no solo un enorme dolor para sus familias, sino también un fuerte impacto en unos pueblos que dependían del trabajo familiar, la agricultura y la ganadería.
Una historia contada por quienes normalmente no aparecen en los libros
Esta tercera entrega recorre también la emigración a América, la pobreza, la educación, los conflictos por las tierras comunales o la vida cotidiana en nuestros pueblos.
La historia de la Cendea no está solo en los grandes acontecimientos.
También está en una taberna que tuvo que cerrar, en una mujer cuyo trabajo dejó de aparecer en el padrón, en una familia que pidió ayuda o en un joven que marchó a la guerra y nunca regresó.
Pequeñas historias que, juntas, nos ayudan a entender cómo era la vida en la Cendea hace poco más de un siglo.
¿Queréis descubrir más?
Podéis consultar el estudio completo «La vida en la Cendea entre 1874-1931» y continuar descubriendo la documentación conservada en nuestro Archivo Municipal en la web de «La Cendea de Galar, ayer y hoy».
Conocer cómo vivieron quienes estuvieron aquí antes que nosotros también es una forma de entender nuestros pueblos, reconocer cuánto han cambiado y seguir haciendo Cendea.